𺰘¨ Un Amante de Ensueño ¨˜°ºð

Esta es una historia (hot) entre "JOE JONAS y TU" Espero les guste!!... :D

Capitulo 3 ///5///

 

Con una expresión hermética, él contestó en voz baja.

- El esclavo sexual escucha todo lo que se dice en las proximidades del libro.

Si las mejillas le ardieran un poco más, acabarían explotando.

- No quedó nada -dijo rápidamente, desando meter la cabeza en el congelador para enfriársela-. Tengo un poco de pollo que me sobró de ayer, y también pasta.

- ¿Y vino?

Ella asintió con la cabeza.

- Está bien.

El tono despótico que utilizó Joseph hizo estallar su furia. Era uno de esos tonillos usados por un típico Tarzán que en el fondo quería decir: Yo soy el macho, nena. Tráeme la comida. Y había conseguido que le hirviera la sangre.

- Mira, tío, no soy tu cocinera. Como te pases conmigo te daré de comer Alpo[1] .

Él arqueó una ceja.

- ¿Alpo?

- Olvídalo -aún irritada, sacó el pollo y lo preparó para meterlo en el microondas.

Joseph se sentó a la mesa con ese aura de arrogancia tan masculina que acababa con todas sus buenas intenciones. Deseando tener una lata de Alpo, ____ sirvió un poco de pasta en un cuenco.

- De todos modos, ¿cuánto tiempo has estado encerrado en ese libro? ¿Desde la Edad Media? -al menos su forma de actuar correspondía a la de la época.

Él permaneció sentado, tan quieto como una estatua. Nada de mostrar sus emociones. Si no lo hubiese conocido mejor, habría pensado que se trataba de un androide.

- La última vez que fui convocado fue en el año 1895.

- ¿En serio? -____ se quedó con la boca abierta mientras metía el cuenco en el microondas- ¿En 1895? ¿Estás hablando en serio?

Él asintió con la cabeza.

- ¿En qué año te metieron en el libro?, la primera vez quiero decir.

La ira se adueñó de su rostro con tal intensidad que ____ se asustó.

- Según tu calendario, en el año 149 a.C.

____ abrió los ojos de par en par.

- ¿En el año 149 antes de Cristo? ¡Jesús, María y José! Cuando te llamé Joseph de Macedonia era cierto. Eres de Macedonia.

Él asintió con un gesto brusco.

Los pensamientos de ____ giraban como un torbellino mientras cerraba el microondas y lo ponía en marcha. Era imposible. ¡Tenía que ser imposible!

- ¿Cómo te metieron en el libro? A ver, según tengo entendido, los antiguos griegos no tenían libros, ¿verdad?

- Originalmente fui encerrado en un rollo de pergamino que más tarde fue encuadernado como medida de protección -dijo con un tono sombrío y el rostro impasible-. Y con respecto a qué fue lo que hice para que me castigaran: invadí Alexandria.

____ frunció el ceño. Aquello no tenía ni pizca de sentido; como el resto de todo lo que estaba sucediendo.

- ¿Y por qué ibas a merecerte un castigo por invadir una ciudad?

- Alexandria no era una ciudad, era una sacerdotisa virgen del dios Príapo.

____ se tensó ante el comentario, y ante la magnitud del castigo que implicaba «invadir» a una mujer. Encerrar al autor de la invasión para toda la eternidad era un poco excesivo.

- ¿Violaste a una mujer?

- No la violé -contestó mirándola con dureza-. Fue de mutuo consentimiento, te lo aseguro.

Vale, ése era un tema sensible para él. Se percibía claramente en su gélida conducta. No le gustaba hablar del pasado. Tendría que ser un poquito más sutil en su interrogatorio.

Joseph escuchó el extraño timbre, y observó cómo ____ apretaba un resorte que abría la puerta de la caja negra donde había introducido su comida.

Ella sacó el humeante cuenco de comida y lo colocó ante él, junto con un tenedor plateado, un cuchillo, una servilleta de papel y una copa de vino. El cálido aroma se le subió a la cabeza e hizo que el estómago rugiera de necesidad.

Se suponía que debía estar perplejo por el modo tan rápido en que ella había cocinado, pero después de haber oído hablar de artefactos con nombres extraños como tren, cámara, automóvil, fonógrafo, cohete y ordenador, Joseph dudaba que cualquier cosa pudiese tomarlo por sorpresa.

En realidad, no quedaba ningún sentimiento en él, aparte del deseo; hacía mucho que había desterrado todas sus emociones.

Su existencia no era más que una sucesión de fragmentos temporales a lo largo de los siglos. Su única razón de ser era la de obedecer los deseos sexuales de sus invocadoras.  

Y, si algo había aprendido en los dos últimos milenios, era a disfrutar de los escasos placeres que podía obtener en cada invocación.

Con ese pensamiento, cogió una pequeña porción de comida y saboreó la deliciosa sensación de los tibios y cremosos tallarines sobre su lengua. Era una pura delicia.

Dejó que el aroma de las especias y del pollo invadiera su cabeza. Había pasado una eternidad desde la última vez que probó la comida. Una eternidad sufriendo un hambre atroz. Cerró los ojos y tragó. Acostumbrado como estaba a la privación en lugar de a los alimentos, su estómago se cerró ante el primer bocado. Joseph apretó con fuerza el cuchillo y el tenedor mientras luchaba por alejar el terrible dolor.

Pero no dejó de comer. No lo haría mientras hubiese comida en el cuenco. Había esperado demasiado tiempo para poder aplacar su hambre y no estaba dispuesto a detenerse ahora.

Después de unos cuantos bocados más, los retortijones disminuyeron y le permitieron disfrutar plenamente de la comida.

Una vez su estómago se calmó, tuvo que echar mano de todas sus fuerzas para comer como un humano y no zamparse la comida a puñados, tal era el hambre que le devoraba las entrañas.

En momentos como éste, le resultaba muy difícil recordar que aún era humano, y no una bestia desbocada y feroz que había sido liberada de su jaula.

Hacía siglos que había perdido la mayor parte de su condición humana. Y estaba decidido a conservar lo poco que le quedaba.

____ se apoyó en la encimera y lo observó mientras comía. Lo hacía lentamente, de forma casi mecánica. No dejaba entrever si le gustaba la comida, pero aún así, continuaba comiendo.

Lo que realmente le sorprendió fueron los exquisitos modales europeos que demostraba. Ella nunca había sido capaz de comer de ese modo, y fue entonces cuando comenzó a preguntarse dónde habría aprendido a utilizar el cuchillo para mantener la pasta en el tenedor, y evitar que se cayera.

 

 * * *

Olz!! wow Grxz por sus comentarios y votos! Carcajada y por favor no dejen de hacerlo :) esto se va a poner cada vez mejor! bye, cuidence. Que Dios las bendiga Corazón

Capitulo 3 ///4///

 

Mientras se movía hasta la otra punta del sofá, ____ le miró cautelosamente.

- Así que... ¿para cuánto tiempo has venido?

¡Oh, qué buena pregunta, ____! ¿Por qué no le preguntas por el tiempo o le pides un autógrafo ya que te pones? ¡Jesús!

- Hasta la próxima luna llena -sus ojos dieron muestras de un pequeño deshielo. Y, mientras deslizaba su mirada por todo su cuerpo, el hielo se transformó en fuego en décimas de segundo. Se inclinó sobre ella para tocarle la cara. ____ se incorporó de un salto y puso la mesita del café como barrera de separación.

- ¿Me estás diciendo que tengo que aguantarte durante todo un mes?

- Sí.

Conmocionada, ____ se pasó la mano por los ojos. No podía entretenerlo durante un mes. ¡Un mes entero, con todos sus días! Tenía obligaciones, responsabilidades. Hasta tenía que buscar un pasatiempo.

- Mira -le dijo-. Lo creas o no, tengo una vida en la que no estás incluido.

Sabía, por la expresión de su rostro, que a él no le importaban sus palabras. En absoluto.

- Si crees que estoy encantado de estar aquí contigo, estás lamentablemente equivocada. Te aseguro que no elegí venir.

Sus palabras consiguieron herirla.

- Bueno, cierta parte de ti no siente lo mismo -le dijo mientras dedicaba una furiosa mirada a aquella parte de su cuerpo que aún estaba tiesa como una vara.

Él suspiró al echar un vistazo a su regazo y vislumbrar la protuberancia que sobresalía bajo la toalla.

- Desafortunadamente, tengo tanto control sobre esto como sobre el hecho de estar aquí.

- Bueno, la puerta está ahí -dijo señalándola-. Ten cuidado de que no te golpee el trasero al cerrarse.

- Créeme; si pudiese irme, lo haría.

____ titubeó ante sus palabras, ante su significado.

- ¿Quieres decir que no puedo ordenarte que te marches?, ¿ni que regreses al libro?

- Creo que la expresión que usaste fue: bingo.

____ guardó silencio.

Joseph se puso de pie lentamente y la miró. Durante todos los siglos que llevaba condenado, ésta la primera vez que le sucedía una cosa así. El resto de sus invocadoras habían sabido lo que él significaba, y habían estado más que dispuestas a pasar todo un mes en sus brazos, utilizando felizmente su cuerpo para obtener placer.

Jamás en su vida, mortal o inmortal, había encontrado a una mujer que no le deseara físicamente.

Era...

Extraño.

Humillante.

Casi embarazoso.

¿Sería un indicio de que la maldición se debilitaba?, ¿de que quizás pudiera liberarse?

No. En el fondo sabía que no era cierto, aun cuando su mente se esforzaba en aferrarse a la idea. Cuando los dioses griegos decretan un castigo, lo hacen con un estilo y con un ensañamiento que ni siquiera dos milenios pueden suavizar.

Hubo una época, mucho tiempo atrás, en la que había luchado contra la condena. Una época en la que había creído que podría liberarse. Pero después de dos mil años de encierro y tortura despiadada, había aprendido algo: resignación.

Se merecía este infierno personal y, como el soldado que una vez había sido, aceptaba el castigo.

Sentía un nudo en la garganta y tragó para intentar deshacerlo. Extendió los brazos a los lados y ofreció su cuerpo a ____.

- Haz conmigo lo que desees. Sólo tienes que decirme cómo puedo complacerte.

- Entonces deseo que te marches.

Joseph dejó caer los brazos.

- En eso no puedo complacerte.

Frustrada, ____ comenzó a caminar nerviosa de un lado a otro. Finalmente, sus hormonas habían regresado a la normalidad y, con la cabeza más despejada, se esforzó por encontrar una solución. Pero por mucho que la buscaba, no parecía haber ninguna.

Un dolor punzante se instaló en sus sienes.

¿Qué iba a hacer un mes -un mes entero- con él?

De nuevo, una visión de Joseph tumbado sobre ella, con el pelo cayéndole a ambos lados del rostro, formando un dosel alrededor de sus cuerpos mientras se introducía totalmente en ella, la asaltó.

- Necesito algo... -a Joseph le falló la voz.

____ se dio la vuelta para mirarle, con el cuerpo aún suplicándole que cediera a sus deseos.

Sería tan fácil rendirse ante él... Pero no podía cometer ese error. Se negaba a usar a Joseph de ese modo. Como si...

No, no iba a pensar en eso. Se negaba a pensar en eso.

- ¿Qué? -preguntó ella.

- Comida -contestó Joseph-. Si no vas a utilizarme de forma apropiada, ¿te importaría si como algo?

La expresión avergonzada y teñida de desagrado que adoptó su rostro le indicó a ____ que no le gustaba tener que pedir.

Entonces cayó en la cuenta de algo; si para ella esto resultaba extraño y difícil, ¿cómo demonios se sentiría él después de haber sido arrancado de donde quiera que estuviese, para ser arrojado a su vida como si fuese un guijarro lanzado con un tirachinas? Debía ser terrible.

- Por supuesto -le dijo mientras se ponía en movimiento para que él la siguiera-. La cocina está aquí -lo guió por el corto pasillo que llevaba a la parte trasera de la casa.

Abrió el frigorífico y se apartó para que él echara un vistazo.

- ¿Qué te apetece?

En lugar de meter la cabeza para buscar algo, se quedó a medio metro de distancia.

- ¿Ha quedado algo de pizza?

- ¿Pizza? -repitió ____ asombrada. ¿Cómo sabría él lo que era una pizza?

Joseph se encogió de hombros.

- Me dio la impresión de que te gustaba mucho.

A ____ le ardieron las mejillas mientras recordaba el tonto jueguecito al que se dedicaron mientras comían. Selena había hecho otro comentario acerca de reemplazar el sexo con la comida, y ella había fingido un orgasmo al saborear el último trozo de pizza.

- ¿Nos escuchaste?

 * * *

Capitulo 3 ///3///

 

Comenzó a sentirse un poco mejor una vez que sus pies tocaron tierra firme y subió dos escalones.

Ahora estaban frente a frente, y casi a la misma altura; bueno, si es que alguien podía estar alguna vez a la altura de un hombre con semejante autoridad e innato poder.

De pronto, el impacto de su presencia la golpeó con intensidad.

¡Era real!

¡Cielos!, Selena y ella habían conseguido convocarlo y traerlo a este mundo.

Con el rostro impasible y sin la más ligera muestra de que la situación lo divirtiera, la miró directamente a los ojos.

- No entiendo por qué estoy aquí. Si no quieres sentirme dentro de ti, ¿por qué me has convocado?

Estuvo a punto de gemir al escuchar sus palabras. Y más aún cuando la visión de su cuerpo dorado, esbelto y poderoso introduciéndose en ella le pasó por la mente.

¿Qué se sentiría cuando un hombre tan increíblemente delicioso te hacía el amor durante toda la noche?

Estaba claro que Joseph sería delicioso en la cama. No cabía duda. Con la destreza y agilidad que caracterizaban sus movimientos, no hacía falta decir lo fenomenalmente bien que...

____ se puso tensa ante el rumbo de sus pensamientos. ¿Qué pasaba con este hombre?

Jamás en su vida había sentido un deseo sexual como el que sentía en esos momentos. ¡Nunca! Literalmente hablando, lo tumbaría en el suelo y se lo comería entero.

No tenía sentido.

Se había acostumbrado, con el paso de los años, a que le describieran innumerables encuentros sexuales de la forma más gráfica; algunos de sus pacientes incluso intentaban conmocionarla o excitarla.

Ni una sola vez habían conseguido su propósito.

Pero cuando se trataba de Joseph, lo único que tenía en mente era cogerlo, echarlo en el suelo y subírsele encima.

Ese pensamiento, tan impropio de ella, le devolvió la sensatez.

Abrió la boca para responder su pregunta, y no dijo nada. ¿Qué iba a hacer con este hombre?

Aparte de aquello.

Movió la cabeza con incredulidad.

- ¿Qué se supone que voy a hacer contigo?

Los ojos de él se oscurecieron por la lujuria e intentó tocarla de nuevo.

¡Oh, sí!, le pedía su cuerpo, por favor, tócame por todos sitios.

- ¡Para! -espetó, dirigiéndose tanto a Joseph como a sí misma; se negaba a perder el control. La cordura gobernaría la situación, no las hormonas. Ya había cometido ese error una vez, y no estaba dispuesta a repetirlo.

Subió de un salto un escalón más y lo miró directamente a los ojos. ¡Jesús, María y José!, era fantástico. El cabello castaño oscuro  le caía en ondas hasta la mitad de la espalda, donde estaba sujeto por una tira de cuero marrón. Excepto tres finas trenzas acabadas en pequeñas cuentas de cristal, que oscilaban con cada uno de sus movimientos.

Las cejas, de color castaño oscuro -practicamente negras-, se arqueaban sobre unos ojos fascinantes a la par que terroríficos. Y esos ojos la estaban mirando con más pasión de la que debieran.

En ese momento desearía poder matar a Selena, sin ninguna duda.

Pero no tanto como le gustaría meterse en la cama con este hombre y clavar los dientes en esa piel dorada.

¡Déjalo ya!

- No entiendo lo que sucede -dijo al fin. Tenía que pensar; descubrir lo que debía hacer-. Necesito sentarme un minuto y tú... -deslizó los ojos sobre el magnífico cuerpo-. Tú necesitas taparte.

Joseph puso una expresión crispada. Era la primera vez en toda su existencia que alguien le decía eso.

De hecho, todas las mujeres a las que había conocido antes de la maldición, no habían hecho otra cosa que intentar arrancarle la ropa. Lo más rápido posible. Y después de la maldición, sus invocadoras habían dedicado días enteros a contemplar su desnudez mientras pasaban las manos por su cuerpo, saboreando su presencia.

- Quédate aquí un momento -le dijo ____ antes de subir a toda prisa las escaleras.

Joseph observó el vaivén de sus caderas mientras subía los peldaños y su miembro se endureció al instante. Echó un vistazo a su alrededor con los dientes apretados, en un intento por ignorar el ardor que sentía en la entrepierna. La clave estaba en la distracción; al menos hasta que ella claudicara.

Lo cual no tardaría en ocurrir. Ninguna mujer podía negarse por mucho tiempo el placer de tenerlo.

Con una amarga sonrisa ante aquella idea, contempló la casa.

¿En qué lugar y en qué época se encontraba?

No sabía cuánto tiempo había estado atrapado. Lo único que recordaba era el sonido de las voces a lo largo del tiempo, el sutil cambio de los acentos y de los dialectos según pasaban los años.

Mirando la luz que se encontraba sobre su cabeza, frunció el ceño. No había ninguna llama. ¿Qué era esa cosa? Los ojos se le llenaron de lágrimas, irritados, y desvió la vista.

Eso debía ser una bombilla, decidió.

«Oye, necesito cambiar la bombilla. Hazme el favor de darle al interruptor que está junto a la puerta, ¿vale?»

Mientras recordaba las palabras del dueño de la librería, miró hacia la puerta y vio lo que supuestamente debía ser el interruptor. Joseph se alejó de las escaleras y apretó el pequeño dispositivo. De inmediato, las luces se apagaron. Volvió a encenderlas.

Sonrió sin proponérselo. ¿Qué otras maravillas le aguardaban en esta época?

- Aquí tienes.

Joseph miró a ____ que estaba en la parte superior de la escalera. Le arrojó un largo rectángulo de tela verde oscuro. La sostuvo sobre el pecho mientras la incredulidad lo dejaba perplejo.

¿Había dicho en serio lo de cubrirle?

Qué extraño. Frunciendo más el ceño, se envolvió las caderas con la tela.

____ esperó hasta que se alejó de la puerta para mirarlo de nuevo. Gracias a Dios, por fin estaba tapado. No era de extrañar que los victorianos insistieran tanto en el asunto de las hojas de parra. Era una pena no tener unas cuantas en el patio. Lo único que crecía allí eran unos cuantos acebos, y dudaba mucho que él apreciara sus hojas.

____ se encaminó hacia la sala y se sentó en el sofá.

- Ayúdame, Lanie -suspiró-. Me las pagarás por esto.

Y entonces, él se sentó a su lado, revolucionando todas las hormonas de su cuerpo con su presencia.

 

* * *

Olz!! Grxs por sus comentarios y votos!! Carcajada que bueno que les guste la Novela y se quieran hacer fan de esta! Sonrisa bye, cuidence. Que Dios las Bendiga. Corazón 

Capitulo 3 ///2///

 

- Lo sé.

- ¡Estás desnudo!

- Sí, creo que ya lo hemos dejado claro.

- Estás tan contento, y desnudo.

Confundido, Joseph frunció el ceño.

- ¿Qué?

Ella miró su erección.

- Estás contento -le dijo con una intencionada mirada-. Y estás desnudo.

Así le llamaban entonces en este siglo. Debería recordarlo.

- ¿Y eso te hace sentir incómoda? -le preguntó, asombrado por el hecho de que a una mujer le preocupara su desnudez, cosa que jamás había sucedido anteriormente.

- ¡Bingo!

- Bueno, conozco un remedio -dijo Joseph, bajando el timbre de su voz mientras miraba la camisa de ____ y los endurecidos pezones que se marcaban a través de la tela. No podía esperar más para ver esos pezones.

Para saborearlos.

Se acercó para tocarla.

____ se alejó un paso con el corazón desbocado. Esto no era real. No podía serlo. Estaba borracha y tenía alucinaciones. O quizás se había golpeado la cabeza con la mesita del sofá y estaba desangrándose, muriéndose poco a poco.

¡Sí, eso era! Eso tenía sentido.

Por lo menos, tenía más sentido que aquel palpitante estremecimiento que hacía que su cuerpo ardiera. Un estremecimiento que le pedía que se lanzara al cuello de aquel tipo.

Y de justos era decir que tenía un bonito cuello.

Cuando tengas una fantasía, muchacha, es que definitivamente estás agotada. Seguramente habrás estado trabajando más de la cuenta, y estás empezando a llevarte a casa los sueños de tus pacientes.

Joseph se acercó a ella y le encerró el rostro entre sus fuertes manos. ____ no podía moverse. Se limitó a dejar que le alzara la cabeza hasta que pudo mirar de frente aquellos penetrantes ojos, que con toda seguridad podrían leerle el alma. La hipnotizaban como los de un mortífero depredador sosegando a su presa.

____ se estremeció bajo su abrazo.

Y entonces, unos ardientes y exigentes labios cubrieron los suyos. ____ gimió en respuesta. Había escuchado hablar toda su vida de besos que hacían flaquear las rodillas de las mujeres, pero ésta era la primera vez que le sucedía a ella.

¡Oh! Aquel hombre olía estupendamente, daba gusto tocarle y, además, sabía muchísimo mejor.

Por propia iniciativa, sus brazos envolvieron aquellos amplios y fuertes hombros. El calor del pecho del hombre se introdujo en su cuerpo, incitándola con la erótica y sensual promesa de lo que vendría a continuación. Y mientras tanto, él se dedicaba a embelesarla con sus labios con tanta maestría como un vikingo con la intención de arrasarlo todo a su paso.

Cada centímetro de su magnífico cuerpo estaba íntimamente pegado al suyo, acariciándola con la intención de despertar todos sus instintos femeninos. ¡Oh Dios! Su presencia la estimulaba como ningún otro hombre lo había hecho jamás. Deslizó la mano por los esculturales músculos de su espalda y suspiró cuando sintió que se movían bajo su mano.

____ decidió en aquel preciso instante que si era un sueño, definitivamente no quería que sonara el despertador.

Ni el teléfono

Ni...

Las manos de Joseph acariciaron su espalda antes de agarrarla por las nalgas y acercar más sus caderas, mientras su lengua seguía danzando en su boca. El aroma a sándalo inundaba sus sentidos.

Con el cuerpo derretido, exploró los duros y firmes músculos de su espalda desnuda, mientras los largos mechones de él le rozaban las manos en una erótica caricia.

Joseph sintió que su cabeza daba vueltas con el cálido roce de ____, con la sensación de sus brazos envolviéndolo mientras sus propias manos recorrían su suave y pecosa piel, un deleite para el hambriento.

Cómo le gustaban los sonidos inarticulados con los que ella provocativamente le respondía. Mmm, estaba deseando oírla gritar de placer. Ver cómo su cabeza caía hacia atrás mientras su cuerpo se convulsionaba espasmo tras espasmo envolviendo su miembro.

Hacía muchísimo tiempo que no sentía las caricias de una mujer. Mucho tiempo desde que no gozaba del más mínimo contacto humano.

Sentía un deseo candente que le recorría todo el cuerpo; si ésta fuese su primera vez, devoraría a ____ como a un trozo de chocolate. La tumbaría y gozaría de ella como un hambriento invitado a un banquete.

Pero tenía que esperar a que se acostumbrara un poco a él.

Muchos siglos atrás, había aprendido que las mujeres siempre se desvanecían tras su primera unión. Definitivamente, no quería que ésta se desmayara.

Al menos todavía.

No obstante, no podía esperar un minuto más para poseerla.

La tomó en brazos y se encaminó hacia la escalera.

En un principio, ____ no reaccionó, perdida como estaba en la sensación de aquellos fuertes brazos que la rodeaban con pasión; su mente estaba totalmente centrada en el hecho de que un hombre la hubiera levantado del suelo y no hubiese gruñido por el esfuerzo. Pero al pasar junto a la enorme piña que decoraba el pasamanos de la escalera, salió de su ensimismamiento con un sobresalto.

- ¡Eh, tío! -le soltó agarrándose a la piña de caoba tallada como si se tratara de un salvavidas-. ¿Dónde crees que me llevas?

Él se detuvo y la miró con curiosidad. En ese momento, ____ fue consciente de que un hombre tan alto y poderoso como aquél, podría hacer lo que le apeteciese con ella y sería inútil intentar detenerlo.

Un estremecimiento de terror la sacudió.

Sin embargo, por muy peligrosa que la situación fuese, una parte de ella no estaba asustada. Algo en su interior le decía que ese hombre jamás le haría daño intencionadamente.

- Te llevo a tu dormitorio, donde podemos acabar lo que hemos empezado -dijo llanamente, como si estuviesen hablando del tiempo.

- Me parece que no.

Él encogió aquellos hombros, maravillosamente amplios.

- ¿Prefieres las escaleras entonces?, ¿o quizás el sofá? -se detuvo y echó un vistazo alrededor de su casa, como si estuviese considerando las opciones-. No es mala idea, en realidad. Hace mucho que no poseo a una mujer en un...

- ¡No, no, no! El único sitio donde vas a poseerme es en tus sueños. Y ahora déjame en el suelo antes de que me enfade de verdad.

Para su asombro, él obedeció.

 

* * *

Olz!! lo siento por no subir el cap. Llora Grxs por sus comentarios y votos!! Carcajada bye, cuidence. Que Dios las Bendiga. Corazón

El regalo PERFECTO para muchas

 

Capítulo 3

 

 

____ hizo lo que cualquier mujer que se encuentra a un hombre desnudo en su salita de estar hubiese hecho: gritar.

Y después, salir corriendo hacia la puerta.

Sólo que se olvidó de los cojines que habían amontonado en el suelo y que aún estaban allí. Se tropezó con unos cuantos y cayó de bruces.

¡No! Gritó mentalmente mientras aterrizaba de forma poco elegante y dolorosa. Tenía que hacer algo para protegerse.

Temblando de pánico, se abrió paso entre los cojines mientras buscaba un arma. Al sentir algo duro bajo la mano lo cogió, pero resultó ser una de sus zapatillas rosas con forma de conejo.

¡Joder! Por el rabillo del ojo vio la botella de vino. Rodó hacia ella y la cogió; entonces se giró para enfrentar al intruso.

Más rápido de lo que ella hubiese podido esperar, el hombre cerró sus cálidos dedos alrededor de su muñeca y la inmovilizó con mucho cuidado.

- ¿Te has hecho daño? -le preguntó.

¡Santo Dios!, su voz era profundamente masculina y tenía un melodioso y marcado acento que sólo podía describirse como musical. Erótico. Y francamente estimulante.

Con todos los sentidos embotados, ____ miró hacia arriba y...

Bueno...

Para ser honestos, sólo vio una cosa. Y lo que vio hizo que las mejillas le ardieran más que un Cajun gumbo[1] . Después de todo, cómo no iba a verlo si estaba al alcance de su mano. Y además, con semejante tamaño.

Al momento, el tipo se arrodilló a su lado, con mucha ternura le apartó el pelo de los ojos y pasó las manos por su cabeza en busca de una posible herida.

____ se recreó con la visión de su pecho. Incapaz de moverse ni de mirar otra cosa que no fuese aquella increíble piel, sintió la urgencia de gemir ante la intensa sensación que los dedos de aquel tipo le estaban provocando en el pelo. Le ardía todo el cuerpo.

- ¿Te has golpeado la cabeza? -le preguntó él.

De nuevo, ese magnífico y extraño acento que reverberaba a través de su cuerpo, como una caricia cálida y relajante.

____ miró con mucha atención aquella extensión de piel dorada por el sol, que parecía pedirle a gritos a su mano que la tocara.

¡El tipo prácticamente resplandecía!

Fascinada, deseó verle el rostro y comprobar por sí misma que era tan increíble como el resto de su cuerpo.

Cuando alzó la mirada más allá de los esculturales músculos de sus hombros, se quedó con la boca abierta. Y la botella de vino se deslizó entre sus adormecidos dedos.

¡Era él!

¡No!, no podía ser.

Esto no podía estar sucediéndole a ella, y él no podía estar desnudo en su sala de estar con las manos enterradas en su pelo. Este tipo de cosas no pasaban en la vida real. Especialmente a las personas equilibradas como ella.

Pero aun así...

- ¿Joseph? -preguntó sin aliento.

- Joe -contesto él con vos ronca

Tenía la poderosa y definida constitución de un gimnasta. Sus músculos eran duros, prominentes y magníficos, y muy bien definidos; tenía músculos hasta en lugares donde ni siquiera sabía que se podían tener. En los hombros, los bíceps, en los antebrazos; en el pecho, en la espalda. Y del cuello hasta las piernas.

Cualquier músculo que se le antojara, se abultaba con una fuerza ruda y totalmente masculina.

Hasta aquello había comenzado a abultarse.

El pelo le caía a la buena de Dios en una melena ondulada, y le enmarcaba un rostro sin rastro de barba, que parecía haber sido esculpido en granito. Increíblemente guapo y cautivador, sus rasgos no resultaban femeninos ni delicados. Pero definitivamente, robaban el aliento.

Los sensuales labios se curvaban en una leve sonrisa que dejaba a la vista un par de hoyuelos con forma de media luna, en cada una de sus bronceadas mejillas.

Y sus ojos.

¡Dios mío!

Tenían el marrón claro -aunque fuesen cafes- de un perfecto día de verano, rodeados de un borde azul oscuro que resaltaba sus iris. Resultaban abrasadores de tan intensos, y reflejaban inteligencia. ____ tenía la sensación de que aquellos ojos podían realmente resultar letales.

O al menos, devastadores.

Y ella se sentía realmente devastada en esos momentos. Cautivada por un hombre demasiado perfecto para ser real.

Vacilante, extendió la mano para colocarla sobre su brazo. Se sorprendió mucho cuando no se evaporó, demostrando que no era una alucinación etílica.

No, ese brazo era real. Real, duro, y cálido. Bajo aquella piel que su mano tocaba, un poderoso músculo se flexionó, y el movimiento hizo que su corazón comenzara a martillearle con fuerza.

Atónita, no podía hacer otra cosa que mirarlo.

Joseph alzó una ceja, intrigado. Nunca antes una mujer había salido huyendo de él. Ni lo había dejado de lado después de haberlo invocado.

Todas las demás habían esperado ansiosas a que él tomara forma y se habían lanzado directamente a sus brazos, exigiéndole que las complaciera.

Pero ésta no...

Era distinta.

En sus labios cosquilleaba una sonrisa mientras deslizaba los ojos por el cuerpo de aquella mujer. Una abundante melena negra le caía hasta la mitad de la espalda, y sus ojos tenían el color gris pálido del mar justo antes de una tormenta, con motitas de color plata y verde que brillaban con calidez e inteligencia.

La pálida y suave piel estaba cubierta de pequeñas pecas. Era tan adorable como su suave e insinuante voz.

No es que eso importase demasiado.

Sin tener en cuenta cuál fuese su apariencia, él estaba allí para servirla sexualmente. Para perderse al saborear aquel cuerpo, y tenía toda la intención de hacer precisamente eso.

- Vamos -le dijo sujetándola por los hombros-. Déjame ayudarte.

- Estás desnudo -murmuró ____ mirándole de arriba abajo, totalmente perpleja, mientras se ponían en pie-. Estás muy desnudo.

Él le colocó unos cuantos mechones oscuros tras las orejas.

 

* * *

[1] Cajun Jumbo: Plato típico de Nueva Orleáns, muy picante. (N. de la T.)

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Olz! Grxs por sus comentarios y votos! Carcajada ya me pase por sus Novelas y si me falta alguna... por favor hagánmelo saber :) bye, cuidence. Que Dios las Bendiga Corazón

Capitulo 2 ///4///

 

Con los brazos en jarras, Selena le lanzó una furiosa mirada.

- Joseph de Macedonia.

- ¡Oh! Lo siento -dijo ____ volviendo a apretar el libro sobre el pecho, y cerrando los ojos-. Ven y alivia el dolor que siento en mis partes bajas, ¡Oh! Gran Joseph de Macedonia, Joseph de Macedonia, Joseph de Macedonia -se giró para mirar a Selena-. ¿Sabes? Esto es un poco difícil de pronunciar tres veces seguidas, y tan rápido.

Pero su amiga no le prestaba la más mínima atención. Estaba muy ocupada mirando por todos lados, esperando la aparición de un apuesto extraño.

____ acababa de poner otra vez los ojos en blanco, cuando un ligero soplo de viento cruzó el patio y un suave aroma a sándalo las envolvió. Volvió a inhalar para recrearse de nuevo en el agradable olor antes de que se evaporara, y entonces la brisa desapareció, dejando de nuevo el caluroso y húmedo bochorno, típico de una noche de agosto.

De repente, se escuchó un débil sonido procedente del patio trasero, y las hojas de los arbustos se movieron.

Arqueando una ceja, ____ contempló como las plantas se mecían. Y entonces, el diablillo que había en ella cobró vida.

- ¡Oh, Dios mío! -farfulló y señaló a un arbusto del patio trasero-. ¡Selena, mira allí!

Selena se giró a toda prisa ante el nerviosismo de ____. Un enorme seto se mecía como si hubiese alguien detrás.

- ¿Joseph? -le llamó Selena, y dio un paso hacia delante.

El arbusto se inclinó y, súbitamente, un siseo y un miau rompieron el silencio, un segundo antes de que dos gatos cruzaran el patio como una exhalación.

- Mira, Lanie. Es el señor Don Gato que viene a poner fin a mi celibato -sostuvo el libro con un brazo y se llevó el dorso de la mano a la frente, en un simulacro de desmayo-. ¡Oh, ayúdeme Señora de la Luna! ¿Qué voy a hacer con las atenciones de tan desacertado pretendiente? Ayúdeme rápido, antes de que me mate a causa de la alergia.

- Dame ese libro -le espetó Selena quitándoselo de un tirón. Regresó a la casa mientras pasaba las páginas-. ¡Joder!, ¿qué he hecho mal?

____ abrió la puerta para que Selena pasara al fresco interior de la sala.

- No hiciste nada mal, cielo. Esto es absurdo. ¿Cuántas veces tengo que decirte que hay un viejecillo sentado en la parte trasera de un almacén, escribiendo toda esta porquería? Apostaría a que ahora mismo está partiéndose de la risa por lo imbéciles que hemos sido.

- Quizás era necesario hacer algo más. Me juego lo que sea a que hay algo en los primeros párrafos que no puedo interpretar. Debe ser eso.

____ cerró la puerta de cristal y suplicó un poco más de paciencia.

Y me llama testaruda, ¡a mí!

El teléfono sonó en ese instante y, al contestarlo, ____ escuchó la voz de Nick preguntado por Selena.

- Es para ti -dijo alargándole el auricular.

Selena lo cogió.

- ¿Sí? -se mantuvo en silencio unos minutos. ____ podía escuchar la voz nerviosa de Nick. Por la repentina palidez del rostro de su amiga, dedujo que algo había pasado.

- Vale, vale. Llegaré enseguida. ¿Estás seguro de que te encuentras bien? Vale, te quiero. Voy de camino... no hagas nada hasta que yo llegue.

____ sintió un horrible nudo en el estómago. Una y otra vez, volvía a ver al policía en la puerta de su dormitorio, y a escuchar su desapasionada voz: Siento mucho informarle...

- ¿Qué pasa? -preguntó ____.

- Nick se ha caído jugando a baloncesto y se ha roto un brazo.

Dejó escapar el aliento más tranquila. Gracias Señor, no ha sido un accidente de coche.

- ¿Se encuentra bien?

- Dice que sí. Sus amigos le llevaron a un médico de guardia que le hizo una radiografía antes de que se marcharan. Me dijo que no me preocupara, pero creo que es mejor que vuelva a casa.

- ¿Quieres que te lleve en mi coche?

Selena negó con la cabeza.

- No, has tomado demasiado vino; yo he bebido menos. Además, estoy segura de que no es nada serio. Pero ya sabes lo aprensiva que soy. Quédate aquí y disfruta de lo que queda de película. Te llamaré mañana por la mañana.

- Vale. Avísame si es grave.

Selena cogió el bolso y sacó las llaves. Se detuvo a mitad de camino y le alargó el libro a ____.

- ¡Qué demonios! Quédatelo. Supongo que en los próximos días te ayudará a reírte a carcajadas cada vez que te acuerdes de lo idiota que soy.

- No eres idiota. Simplemente, un poco excéntrica.

- Eso es lo que decían de Mary Todd Lincoln[1] . Hasta que la encerraron.

____ cogió el libro, riéndose a carcajadas, y observó como Selena caminaba hacia su coche.

- Ten cuidado -gritó desde la puerta-. Y gracias por el regalo, y por lo que esté por venir.

Selena le dijo adiós con la mano antes de subirse a su Jeep Cherokee de color rojo brillante y alejarse.

Con un suspiro de cansancio, ____ cerró la puerta, echó el pestillo y arrojó el libro al sofá.

- No te vayas a ningún lado, esclavo sexual.

____ se rió de su propia estupidez. ¿Acabaría alguna vez Selena con todas aquellas majaderías?

Apagó el televisor y llevó los platos sucios al fregadero. Mientras lavaba las copas, vio un repentino fogonazo.

Durante un segundo, pensó que se trataba de un relámpago.

Hasta que se dio cuenta de que había sido dentro de la casa.

- ¿Qué dem...?

Soltó la copa y fue hacia la salita de estar. Al principio no vio nada. Pero según se acercaba a la puerta, percibió una presencia extraña. Algo que le puso la piel de gallina.

Entró en la estancia con mucho cuidado y vio una figura alta, de pie delante del sofá. Era un hombre. Un hombre muy apuesto. ¡Un hombre desnudo!

 

* * *

[1] Mary Todd Lincoln: Esposa de Abraham Lincoln, declarada loca en 1872 por su extraño comportamiento. (N. de la T.)

* * *

* * *

Olz! Graxs por sus comentarios y votos! y mas tarde me estare pasando por sus Novelas! bye, cuidence. Que Dios las Bendiga Corazón

 

 

P.D   wow a quien no le "gustaria" encontrarse un hombre -Joe Jonas- completamente desnudo en su cumpleaños?

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